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Lo infinito (lo absoluto) no es materializable. Tan sólo se puede crear una ilusión, una imagen.
ANDREI TARKOVSKI, Esculpir en el tiempo.

 

PRIMER MANIFIESTO TRANSVERSAL

La televisión, el cine, la fotografía, el arte en general, también la publicidad, el diseño, etc., son medios, eso es, se les llama medios. El mensaje es el fin, claro que sí, pero no el fin último, al final del recorrido mediático están las personas, sus vidas, sus aficiones y deseos, su capacidad de obrar, comprar, sentir y odiar. Los mensajes flotan por el medio como peces de un estanque que nosotros mismos alimentáramos sabiéndonos sus dueños. Pero esos peces tienen vida propia y los mensajes no, los mensajes nunca son lanzados al vacío, nos buscan, necesitan siempre de nosotros mismos para lograr su objetivo, cada uno de nosotros seremos la diana sobre la que se destense el arco.

En el incesante devenir de nuestro ampuloso universo mediático los mensajes se deslizan como fechas que alcanzando nuestro ser dejan en nosotros un rastro de marcas inexorables, marcas de felicidad, desasosiego, impotencia o exaltación, todo tipo de marcas más o menos efímeras, que nos incitan a obrar dentro de un sistema a grandes rasgos calculado, el sistema globalizado de una economía mundial aplicada de un modo voraz y excluyente. No cabe dudar de que en el mundo actual la economía occidental trabaja de un modo irrefrenable a favor de la instauración de un sistema homogéneizante de los comportamientos, un sistema basado una vez más en la designación más o menos predecible de mecanismos de obtención de datos y/o beneficios a partir de comportamientos inducidos sobre amplios colectivos.

Y curiosamente cuanto más elementales sean los gustos y los comportamientos, cuanto más y mejor estén basados en las formas primitivas del placer y el deseo, o en los estándares más tradicionales de la moral familiar y del consumo compartido, a dicho sistema le resultará mucho más fácil establecer un corpus incontestable de métodos de consolidación sobre las mismas vías que forjaron una antigua y siempre operativa iconografía mediática forjada obviamente sobre el inquebrantable principio humano de la satisfacción. Acabar con todo esto sería quizá el fin, se nos diría, y por tanto resultaría bastante absurdo luchar contra un todo cuando ese todo nos ha de proporcionar los propios medios contra los que estaríamos en un principio tentados a combatir. Es un deber, por tanto, optar por la transversidad como estrategia de producción mediática que busca una salida a las aspiraciones creativas que rehuyen desde la base las compensaciones inmediatas.

Re-producir?. Está claro que si el arte debiera de nutrirse de las ventas masivas entonces la metamorfosis formal que sufriría sería semejante a la inversión del propio proceso creativo. Si me dispongo a crear desde la nada de mi ser y con toda la libertad de la que soy heredero es muy probable que cargue con todos los riesgos de fallar muy pronto en el intento, no llegando jamás a ese gran público que da las bendiciones. Pero, por el contrario, si estudio a priori lo que un determinado colectivo concreto quiere, persigue y sueña, si ciño cuidadosamente todas y cada una de mis aspiraciones formales a la osadía de un mercado basado en la moda, en los signos de poder o en la estúpida obsesión humana del parecido, del común denominador, entonces, decíamos, mi producto, tu producto, es posible que salga adelante con bastante probabilidad de éxito, y la autenticidad de mi arte, su alcance estético, los valores humanos que pudieran sostenerlo en el antiguo sentido humanístico, me tendrían que importar apenas lo suficiente para completar la estrategia. Pero para nosotros no es así.

Tenemos los medios. La realidad está ahí, se crea de sí misma y se recrea a partir de cuantos fragmentos de actuación e interpretación fuimos, somos y seremos cada uno de nosotros en el discurrir del tiempo. Pero los medios pretenden delimitar lo real en contraposición a esa inmensa realidad que es siempre mucho más amplia, mucho más rica, inabarcable e indomable, bella y siniestra, luminosa y reservada. Los medios quisieran reducir esa realidad a un amigable y conciso juego de niños, pero algo sigue pasando ahí fuera, ahí fuera detrás de los muros la realidad se agita con todos sus pesares, por medio de otros juegos, a veces mucho más crueles, otras veces, sin embargo, mucho más bellos. Derribar el muro ha sido, es y será el más grande de los esfuerzos. Las cosas aparentemente parece que empeoraran. Y entonces nos preguntamos por qué, temerosos siempre de ahondar en el fracaso.

Transversal es todo aquello que no discurre en paralelo, enriqueciendo lo uniforme. Acciones mediáticas destinadas a aunar contenido veraz y estética, mensajes sin finalidad comercial, sugestión, secuencias de dolor y risa. Ordenaciones de fragmentos sólo en apariencia inconexos, consonancias metafóricas. Cambios de estado, metamorfosis incesantes. La imagen televisiva puesta al servicio de causas perdidas y rescatables. Mosaico de culturas, razas, pueblos y músicas. Alta tecnología, emociones esenciales, ingenuidad. Núcleo y apariencia bajo el brillo de la lámina electrónica, sobre la pantalla un haz de gestos convulsos. Videoarte y narratividad, publicidad y crítica. Trans-ética, transculturación…, y puede que todo ello se ahogue bajo los ecos lejanos de un mundo en llamas.

Vendemos lo real a cualquier precio porque nada cuesta asomarse. Ventanas al vacío. La nada convertida en suceso, la nada, y detrás de ella todo lo que existe bajo la sábana de un brillante cielo azul que se desploma irremediablemente. Los candados rotos. La voz de un niño que canta bajo el furor de las bombas. Nenúfares que portan una llama sobre la superficie oscura de las aguas, nuestras vidas. Rituales y eventos, soledades orográficas donde parece que todo terminó, y en las ciudades la entrega diaria, encuentros y desencuentros, en el marco de la pérdida o el intercambio.

Transversal prefiere los formatos audiovisuales de largo alcance emocional, donde breves secuencias de imágenes ilustren de manera indirecta, sugerida, espontánea, , los efectos de un conflicto sobre los rostros de aquellos otros… apenas unos signos del relato de un momento, solo eso, quizá muy parecido a un momento de tantos, pero puede que por una extraña disposición de los sucesos…

f_sotomayor

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